El cambio climático prolonga la temporada de alergias en niños, intensificando los síntomas y extendiendo la necesidad de tratamientos. Afecta a su sistema inmunológico en desarrollo, haciendo las condiciones alérgicas más comunes y severas, requiriendo manejo médico más riguroso y continuo. Nuestra doctora pediatra Gemma Morera ha tenido presencia en la revista Ser Padres para dar su punto de vista.

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«Ya lo advertía el año pasado la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP): “El cambio climático empeora las alergias”. Esta sentencia pretendía ya entonces visibilizar la relación entre los factores ambientales y las alergias. Si dejamos de lado la profusión de tóxicos ambientales, que también influyen negativamente en ellas, el cambio climático se hace cada vez más evidente con las consultas pediátricas por alergias que afectan a las vías respiratorias. Gemma Morera, pediatra y una de las pocas especialistas en neumología y alergias infantiles que hay en España, confirma este hecho. “Sobre todo en los dos últimos años he notado un repunte en el número de casos y en la duración de los tratamientos”, apunta. Cada vez hay más niños alérgicos, con tratamientos más alargados y con síntomas más intensos. “Antes era raro el niño que usaba inhaladores; ahora el raro es el que no los usa”, comenta la especialista.

Temperaturas más cálidas

Con el aumento de temperaturas del cambio climático, las plantas polinizantes, durante más tiempo y con un polen más fuerte o alergénico. Esto lleva a que los niños alérgicos estén con la mucosa respiratoria inflamada más tiempo, siendo así más sensibles a otras infecciones. “Y porque su sistema inmunitario tampoco ha alcanzado todavía su madurez”, puntualiza Morera.

Justo ahí entran en juego el COVID y sus consecuencias. “Con el confinamiento nuestras defensas no trabajaron, por lo que nuestro sistema inmune se debilitó y los agentes infecciosos han sido más agresivos, e incluso mortales, para los más pequeños. Ha habido más ingresos por gri-

pes y neumonías. Y esto los alérgicos lo han notado más”, explica la pediatra.

¿Estacionalidad?

Cuando se habla de alergia estacional todo el mundo piensa en primavera, por el polen; pero el ácaro del polvo también es estacional: afecta mucho más en los cambios de tiempo y en un clima templado; y que sea húmedo, porque la ácaro le encanta la humedad. Por prevención, al alergia a los ácaros del polvo está por delante de la alergia al polen”, explica Morera.

Las temperaturas suaves se alargan y hay mucha humedad. “Pero eso ya no podemos hablar de que estas alergias sean estacionales, se están haciendo casi permanentes. Sólo nos libramos de ellas en julio y agosto”. Con la alergia al polen está pasando igual. Comenta la pediatra cómo “antes solo se daba en primavera. Las más frecuentes eran por graminias y olivo en abril y mayo. Ahora, por el cambio climático, están empezando a polinizar más tarde y a afectar antes, con lo que hay una mayor exposición a estos pólenes”.

Todo esto está llevando a que los niños tengan que tomar más tratamientos con dosis mayores y durante sus tiempos. “Antes, con dosis bajas y poco tiempo se mantenían estables, ahora, necesitan más cantidad durante más tiempo para evitar las recaídas y tener una calidad de vida normal”. “Torres y debe estar cumpliendodes es instalar deshumidificadores contra el exceso de humedad en las estancias donde están niños alérgicos”. Pero a veces sucede que, al hacerse más largos los tratamientos, muchos progenitores tienden a su abandonando. Ante esto, la doctora Morera advierte: que “deben ceñirse a los tratamientos prescritos por los profesionales para evitar recaídas”.»

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